martes, 9 de octubre de 2012

Llena eres de gracia

A ella, a María.


Ahí estaba yo, encontrábame sentada en medio del parloteo y algunos susurros sin sentido de un montón de señoras, anonadada, con el espanto tatuado en el rostro; dolíame el cuello, había pasado la noche entera en vela, en intentos fallidos de pegar los ojos y perderme mientras el cuerpo recostado en el sillón se me entumecía.

La gente entraba, salía de la habitación, jugaban con los interruptores de todos los cuartos para su deleite o distracción, ¿yo? Nada, medio perdida y asustada, la tenía frente a mí y no estaba… alguien me jaloneó para que abandonara el cuarto, pero no podía porque ella no habría querido quedarse sola.

Era muy temprano, casi madrugada, siempre le gustó aprovechar desde las primeras horas del alba, habría que hacer rendir el día. Todo había sucedido en una palabra, “Ya”, un grito. Pegué carrera como jamás antes lo había hecho, del sillón al descanso de las escaleras pasó un santiamén, y de ahí a ahora un pestañeo. 

Como si hubiésemos estado preparados, las llamadas comenzaron a fluir, las flores a deshojarse y el rocío cesó para abrir paso al sol, era viernes y no daba gracias a Dios; entré en la ducha para quemarme la piel con el agua fría, nunca supe -ni sabré- qué hice, vestí las mismas ropas del día anterior, no hubo tiempo de buscar algo limpio, mucho menos apropiado. 

Pasaron las horas, muchas horas, y la gente llegaba como en peregrinación hacia la Parroquia. Fui invisible, casi muda. Hacían preguntas, ademanes, discursos y demás efectos protocolarios… percibí un movimiento de cabeza, alguna sonrisa, hubo un “gracias”. Pero todos me pasaron de largo. A ella también.

Sin hipocresía, fue demasiado tiempo de espera -pero no importaba-, ahí seguí sentada entre la muchedumbre y su inconsciencia. Lleváronsela de mi lado, con todo el peso de mis lágrimas, de mi dolor. Y la gente cantaba, ¡cantaba como en celebración! Habría de conservar la cordura, tragarme el amargo encanto de la insensatez. Mas no importa, hubiese sido incapaz de gritar.

Ahí estaba yo, ensimismándome entre un montón de señoras que repetían constantemente: “…el señor es contigo...”. Bendita, lo que hubiese dado por que las escuchases, y acompañarnos las dos. Más no estuve sola, no. Estuviste María, y estuvo María para apaciguar mi locura.

Pero me lo preguntaré toda la vida, ¿estuve yo, María?

"…ruega por nosotras ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén. Amén. Amén…": te amé.

Carantoña

Voy a caerte a mordidas... para que hagas caso a mi boca.

viernes, 27 de abril de 2012

La cualquiera

Ya te olvidé… o eso creo que hice. Cuando veo películas melosas, ya no lloro, y eso es bueno… ¿verdad?

Dejé de buscarte en los lugares por los que solíamos andar, porque sé que no irás por ahí. Ya no uso faldas, ni medias, ni tacones… a menos que salga al bar; ya te olvidé porque ahora no quiero relaciones afectivas: me busco hombres fornidos, con espalda ancha y trasero firme, de aquellos que me invitan copas cuando me ven entrar y centran su mirada en mi escote -que llega hasta los talones-, luego echan un vistazo a mis medias negras y la faldita que deja ver el liguero. 

Fíjate que sí te olvidé, porque cuando me preguntan “¿quieres ir a otro lado?” les caigo a besos. Me he vuelto extraña, no entiendo el tacto y les pido que me rompan las medias, que sean rápidos y que me den de sus cigarros.

Abro mis piernas no sólo para mi caminar, como podrás comprender. Contigo era tímida, cariñosa, te hablaba con dulzura y te abrazaba toda la noche… ¡qué pesada! ¿Cómo no huiste a las mañanas siguientes? ¿Te sentías comprometido? 

Ya no me gusta ir a cenar después del trabajo, ni me le quedo mirando a la puerta en espera de tu llegada. Soy impulsiva, si siento ganas, las remedio; ya no me preocupo por tener que cambiar constantemente mi ropa interior, al fin vendrá un desconocido a conocerlas.

Es curioso, porque ya no lloro en las noches, ni me asomo a la ventana a suspirar; decidí convertirme en la fulana que buscaste cuando me tenías en casa. Caí bajo, lo sé. Pero ya te olvidé… o eso creo que hice.

O.C. Desorden


Uno, dos, tres… no, no quedó bien… otra vez, ¿sí? Uno, dos… ¡ARGH! ¡NO! No. Quítate, lo haré sola. Obsérvame con atención, porque no lo volveré a repetir: las cosas tienen un orden, un lugar, y debes ubicarlo todo en ese espacio destinado. Deja de mirarme así, que no estoy loca… ¡Que no estoy loca!


Vamos a intentarlo, solo tienes que seguir tres pasos para acomodar el mundo. Esto evitará que entre en pánico cuando desajustas las almohadas de la cama, mueves las tazas para café al lugar de las tazas para té, mezclas las calcetas blancas con la mitad de las negras, salpiques el suelo cuando te laves las manos, quieras ponerme el cuerno con una fulana sucia en mi impecable y blanca cama, en fin… ahora, así lo tienes que hacer, ¿de acuerdo?

Uno, dos, tres. Así. Sencillo. ¿Viste qué hermoso y cuidado quedó? Así, es como debes dejar el mundo, mi mundo, para cuando yo me sumerja en él. Bonito. Limpio. Hazlo de nuevo, esta vez quiero sigas tú solito los pasos. Anda, son tres.

Te los voy a repetir. Uno: si lo tiras, lo recoges -por supuesto, en su lugar-. Dos: si lo ensucias, lo limpias. Tres: si lo haces en mi cama, te vas a la chingada. ¿Estás listo? Que no me mires así, ya te dije. No estoy loca. Y repítelo, porque no te quedó bien...

Mi Marido

No te gusta destender la cama para tener sexo, ni sentir el cálido roce de las sábanas cuando te quedas dormido y desnudo. Eres impaciente en el tráfico -pero, ¿quién no lo es?-, gritas, das de manotazos, haces señas. Siempre llevas una maletita con ropa en el asiento de atrás del auto, cargas ahí con tus preocupaciones por mancharte la camisa, romper el pantalón o necesitar un suéter. La palabra obsesión te queda corta, juegas a que no te importa el orden de los vasos y las tazas en el gabinete, pero entras en pánico si alguien las mueve; nada está bien, todo lo controlas.



Tienes la manía de llegar temprano a donde quiera que vayas. No permites que alguien más planche tu camisa, menos que alguien tenga el atrevimiento de tocar el cinturón; eres incapaz de ver las manchas de los dedos en tus lentes o de tomarme de la mano cuando vamos en la calle. Gritas cada que alguien dice mal una palabra, ríes a carcajadas cuando repasas los textos de tus pupilos. No sabes ser maestro y no lo sabes. Tus rutinas son religiosamente realizadas y agendadas por minutos. Nada se te escapa. Nada.

No puedo permitirme los tropiezos, cometer errores o besarte de improvisto; tengo un horario para abrazarte, sin pasarme de segundos. Me casé contigo como enamorada, como perdida. Porqué sigo aquí, me preguntan todos, y pareciese ser un misterio: no sé si estoy dañada, desesperada por tener tu atención -¿será la aprobación?- o si sólo necesito de tu compañía. No eres extravagante, eres tú y no eres mío. Ahora temo ser la obsesionada del lugar, pero… y si la palabra me queda corta, entonces, ¿qué serías tú?

miércoles, 27 de julio de 2011

Rosa négligée

Lo quiero a mi lado, sólo para sentirlo con la piel, calientito; que no se vaya a otra cama, sólo pido su figura plasmada en una sábana, sudadito; no importa que durante el día sea de ella, la novia, la buena… -esa perra-… “su elegida” -¡ya basta!-.
¡Qué divertido sería verle la cara! Más de lo que ya se la ve él, sobre todo cuando me postro frente a él en mi négligée. Jamás lo he tocado, al menos no de otra forma que la sexual, pero no tiene idea de cómo lo anhelo -su piel, su tersa piel-.
Juego con la fina bastilla adornada con encaje, suavecito y frágil -como sus labios-, mientras él se prepara para dormir; nunca he sido fisgona, pero verlo desvestirse es como cuidar de una obra de arte.
“Me gusta tu color, morenita, como la canelita del té”, y he cuidado minuciosamente que permanezca así hasta hoy, por si se le ocurre despojarme de la ropa, degustarme e irse a dormir, desnudo -para mi gusto de su blanquecina piel-.
De escote prolongado y benévolo para mis pechos, lo he comprado pensando en las veces que viene por aquí, es del color clarito del cerezo -casi a tono de él-; y es que todo combina con su presencia: las sábanas, las fundas, la toalla del baño, las flores del estante, mi labial, la semi-transparente tela que cubre mi calor y que he decidido por fin estrenar.
Nunca hay nada más después del sexo, sólo se recuesta sobre la cama, cierra los ojos, apenas logro escuchar un “buenas noches, preciosa”; pero dice su nombre, no el mío. Y entonces las flores del encaje no me parecen tan frágiles.
No sé porqué... a lo mejor fue desesperación... tomé las diminutas pinzas del estuche de maquillaje, estaba tan tranquilo, pacífico, ahí recostado. Me bastó con cuatro movimientos cercanos entre sí: en el cuellito tan perfectamente formado y delinear el aureola de sus pecho para que no regresara con -esa perra- ella; -¡ya basta!- lo último que dijo antes de dormir fue mi nombre; ¡oh,-su piel, su tersa piel-, estaba tan suavecito! -como sus labios-; de un momento a otro quedó pálido, como la nieve -para mi gusto de su blanquecina piel-; fue una lástima que haya manchado el delicado pedazo de vestido que compré por él -casi a tono de él-.

viernes, 24 de junio de 2011

Costumbres

Siempre lo recibí con los brazos y piernas abiertas, era mi hombre, el hombre, un hombre entre los hombres, mientras que yo era su mujer, la mujer, una mujer para la sociedad.

Sacié su hambre, lavé su ropa, me tendí en su cama, escondí mis arrugas, callé mis penas e ignoré sus errores.

Era su esposa, la amante, la amiga, la madre, la hija, la hermana, la puta, el objeto, el juguete, el olvido… Lo amé, lo amaba, lo amo, lo amaré, lo hubiese amado, lo habré amado, lo he de amar.

Siempre llegaba con los brazos cruzados y la mente cerrada, era EL hombre, y se fue como tal; tenía los brazos y las piernas abiertas, para que él cerrara la puerta al partir.

viernes, 8 de abril de 2011

Conejo Blas

¿A dónde voy? ¿Qué hago? - Nada de seguro - Camino entre la gente en la calle y - critico lo que veo... - los observo. Todo ha cambiado, ahora sí me volví loca - ...siempre lo estuve... -, pienso.
Estoy estudiando Comunicación y Periodismo, que no se me olvide, siempre deberé ser objetiva - ...¡pamplinas, los medios condicionan!... -, jamás se tratará de mí, sólo lo que tenga qué decir -...-.

Un profesor nos motivó a seguir estudiando -...dijo que para nuestra graduación los empleos estarán a la baja...-, tendremos que ser muy competitivos en el campo laboral cuando salgamos al mundo -...ganaríamos más siendo taxistas o taqueros...-, sobre todo cuando vienen otras generaciones de comunicólogos y periodistas, sin mencionar a nuestros compañeros de salón y de otras univesidades, que también quieren el trabajo.

Los hábiles, mentalmente, diputados de mi país han propuesto una reforma laboral que impedirá a los trabajadores generar antigüedad, y por ende, no tener una seguridad de trabajo ni recibir indemnizaciones en caso de despidos, por demás injustificados, -...justo cuando pensaba que sería una gran comunicóloga, con "harta" oportunidad de tener un lindo trabajo en algún medio escrito, de esos que abundan por acá;...- ¡es tan claro que lo hacen a favor de mejorar las condiciones de vida! ¿Cómo podría alguien cuestionarlo?

De unos cincuenta que somos en mi generación -...soy una exagerada, hemos de ser menos...-, alrededor de veinte lograremos -...porque espero estar ahí...- graduarnos de la licenciatura, cerca de la mitad logrará dedicarse a lo que estudió -...por lo que me he quemado las pestañas los últimos dos años...-, es debido a esto que todos nos quieren motivar. El profesor y los diputados, principalmente.

Por alguna extraña razón, recordé una cacioncita que solían cantarme mis tías cuando era pequeña, ¿a dónde vas, conejo Blas, con esa escopeta cargando detrás? "A ser periodista", les diría ahora, "y no llevo escopeta, no, es una cámara, ¡miren qué linda está!" -... me costó un ojo de la cara, obvio que es linda...-.

Pero, ¿a dónde voy? Intento aprender todo lo que puedo de este oficio -...¡pero ya sé hacer tacos!...- y después trabajar en algo de mi gusto, aún mejor: que me paguen por hacerlo -...podría empezar por venderlos en un carrito...-; da gusto saber que los profesores hablan con la verdad, sin embargo, el periodismo y la comunicación tienen muchas ramas. He recibido por parte de, precisamente, aquél maestro clases de administración -...no debe ser muy difícil llevar mi negocio de taquitos "doña chicle"...-, ¡podría empezar una revista! Incluso, con mis actuales compañeros, uno no sabe -...está pegajoso el nombre, ¿no?...- en dónde terminará -...sería bueno tener variedad en los tacos...-, a lo mejor en una dependencia, oficinitas que hay en el centro -...ofreciendo mis taquitos de canasta...- o yo que sé -...sí, mis taquitos serán...-.

Conejo Blas, ¿a dónde vas? -...a ver que no se me quemen los tacos...- Por la cámara, que el ser comunicador y periodista no tiene que ser un trabajo, mucho menos preocuparme por la falta de empleos para el 2013, de los diputados -...¡CABRONES!...-, ¿qué puedo decir? Tengo que mantenerme objetiva y acatar las normas de los medios, si ellos dicen, pues que digan. Por eso ando como boba por la calle, viendo a todos pasar -...criticando como sólo las mujeres y los gays sabemos...-. Al fin y al cabo que siempre me quedará ser taxista o taquera -...¡pásele, pásele! ¿Qué va a ordenar?-.




jueves, 10 de marzo de 2011

Querido Tú:

Te quise escribir una carta, pero no encontraba las palabras adecuadas para hacerte saber mi sentir, le di vueltas muchas veces a las oraciones que escribí, hasta que - finalmente y después de mucho pensarlo - me topé con la forma correcta de comunicarte lo que hoy repite continuamente mi ya debilitado corazón al latir… no tiene mucha ciencia, se resume a una sencilla frasecita que va así:

Hay tantas cosas en este mundo para amar, y estúpidamente te escogí a ti.

Siempre tuya, Yo.

miércoles, 12 de enero de 2011

Me latte el corazón


Había una vez - en un lugar bien pinche lejos de aquí - una jovencita que decidió amar al café, comenzó amando al Capuccino acaramelado porque le pintaba un día espumoso, todos los días se veían en una cafetería llamada Stardust - ¡aah, el primer amor! -; tristemente, una mañana de marzo, descubrió que el Capuccino había cambiado, ya no era de ella, no... ¡se regalaba como todo un cualquiera en bolsitas individuales pegadas a cajas de galletas del súper - y ni acaramelado estaba -!

Después vino el Expresso, atractivo y siempre diferente: un día era doble, otro largo, en ocasiones normal, al otro se hacía llamar "Vienés"... etc.; pero esos constantes vaivénes de humor hicieron al Expresso y a la chica distanciarse, ¿pero qué podía esperar de un café con síndrome de personalidad múltiple y que trabaja en Stardust? - osh, ¡pero tan atractivo que era él! -.


Un día llegó el Cortado, muy parecido al anterior, pero tenía una lechita que no-sé-qué-que-qué-sé-yo que lo diferenciaba, ustedes saben, un sex appeal que bien podría ser un aire de condescendencia; la relación no duró, así como vino se fue, esa lechita que lo diferenciaba terminó por cambiarle el nombre a Manchado - por no llamarle un cabrón... ¡EJEM! -. El estómago le irritó.

"¡No más cafés prepotentes!", se dijo la joven, sin embargo, en ese justo momento apareció el Bombón, tan dulce y amable se presentó. Claro, lo primerito que la chica le vió fue la leche condensada, "no parece taaan prepotente, hay que darle la oportunidad", lástima que sólo fuera un café pantalla, empalagoso y sin consistencia - ¡qué tristeza, hasta como que me quiere dar gastritis! -.


La chica decidió no salir con esos cafés, buscó un Mocha, - ¡oh, sí! -, un Mocha debería ser perfecto, así que salió en una cita a ciegas con uno de ellos, - fueron a Stardust - charlaron, se rieron, no era desagradable y mucho menos amargo que algunos de los demás... "¿Por qué no?" Se dijo. Todo le resultó bonito y estable, siempre a partes iguales de chocolate, café y leche. Para no aburrirse en ocasiones cambiaban la leche por agua. Pero algo estaba mal, el chocolate empezó a tornarse amargo, ¡el Mocha compartía sus elementos con cucharines de plástico corrientes! Lo estable se fue al caño, ¡y qué decir de lo bonito! La chica lo echó de su vida y dejó de ordenarlo en las cafeterías - auush, mi estomaguito -.

Ya resignada y a punto de tirar la taza, la chica conocío un Latte. Era sencillo y sabrosón, no precisamente el tipo de café con el que había estado saliendo, ¿verdad? Pero algo muy en el interior la detuvo, "¿y si me causa indigestión?" Se preguntaba constantemente, tantos dolores de estómago ya la habían dañado, así que la joven decidió ir con calma. ¿Qué creen? Al Latte no le latió, por lo que aclaró las cosas con la chica y le dijo "si no vamos a ser consumidora con su café, 'nanais', pero podemos seguir siendo amigos... obvio, yo saldré con otras".

Y así fue como la chica que decidió amar al café se quedó con una úlsera en el estómago, un vaso largo de Stardust vacío y sola. Si tan sólo me hubieran descrito a los cafés tal como son, siempre tendría en cuenta que nunca voy a encontrar al café azul ni a salir con el café adecuado... FIN.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Mi nada

Ya tenía tiempo sin escribir con la mente clara, a decir verdad, me he limitado a expresar ideas superficiales que surgieron con algunos de mis trabajos escolares, ya van varias veces que me siento frente al monitor y tecleo sólo babosadas que termino por dejar ahí, guardadas; tengo un montón de cosas en mi cabeza, la gran mayoría están en desorden y revolotean como mariposas atraídas a una lámpara, torpes y sin rumbo.
Cuando entré a la carrera un profesor nos dijo: "con el paso del tiempo se darán cuenta de que han cambiado, sus mentes no funcionarán igual que el día de hoy, mucho menos concordarán con las ideas de aquellos que los rodean, aún menos con sus padres...", no le creí.
Hoy me encuentro en un momento extraño, sé que ya no soy la misma que inició el primer semestre de Comunicación ni soy quién creo ser. Ya no hablo como antes, pero sigo sin callarme; a veces soy partícipe de conversaciones dignas del capitán Obvio - pero son mías -, y quiera o no, expresan ideas; qué chistoso sería el no decir nada, digo, estaría muy vacío el tiempo, no habría algo que lo rellenase; solía ver las noticias y pensar "aah, qué mal que haya pasado eso... uuf, que bueno que encontraron a fulanito..." y ahora cada que veo el noticiero me pongo a hablar como perico: critico, doy mi punto vista, pongo en duda hasta si el cabello del presentador es verdadero; no pienso al reaccionar ante situaciones difíciles, ¡NO, analizo! A veces es molesto por que me "pongo lenta" y sólo le doy vuelta a las cosas; aún en estos días - y qué hipócrita me siento al decirlo - si me quedase completamente callada o sin ver las cosas desde otros puntos de vista, sentiría una presión constante de dar buenos - tal vez, vanos - deseos a los demás, sonreírles a la cara, darles un abrazo: ¡Feliz Navidad! ¡Que tengas amor!... ¿Que tengas amor? Claro, no se me ocurrió nada más... antes no era así, me importaba un comino si no decía nada, me nacía decirle a la gente que le deseaba lo mejor, ¿a mí que me afectaba si el señor que presenta el clima usa peluquín o si estaba la guerra en aquél país que jamás visitaré?, ¿a mí qué? ¡A mí nada! Y claro, ahora les molesta a mis padres que ese "nada" me importe, tanto así que lo consideran "subversivo"... ¡BAH! El profesor tenía razón.
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Ayer escuché una conversación entre familiares, recordaron sucesos de años atrás, de cuando celebrábamos estas fechas con gusto y estábamos juntitos - no es que nos hayamos separado, simplemente "los tiempos cambian"... nosotros cambiamos -, hablaban de las costumbres, de unos tíos, que si falta el dinero, incluso de lo mal que cocinaba fulanita; pláticas sin rumbo que hablan de nada, de ésas que empiezan con el clima y terminan en fotos añejas. Yo también puedo contar esos recuerdos, eran días felices - no lo niego -, todos los primos nos juntábamos en casa de mi abuelita a poner el árbol de navidad, el nacimiento, los demás adornos; ayudábamos en la cocina, de la cual emanaba un olor agradable a la nariz, un lugar que siempre estaba lleno de comida deliciosa; organizábamos un intercambio y juegos para la noche del día veinticuatro; llegaba el momento de festejar la Navidad y lo disfrutábamos, todos sentados en la sala, alrededor de la mesa de centro... pero mi abuelita enfermó, dejamos de acudir como en aquél entonces, la Noche Buena ya no huele a pan casero y pierna rellena, mucho menos tiene un árbol ardonado - es más, ni árbol ponemos -, todo a lo que nos acostumbró mi "abue" desapareció, porque desde hace siete años ella está en cama, y en eso ya nadie se fija.
¡Ufff, ni hablar de la casa de mis tías! Allá se ponía un nacimiento que cubría la mitad del patio más grande, los chiquillos corríamos por todos lados jalando luces y poniendo adornos, los perros nos perseguían mientras ladraban para juguetear con nosotros. Mis tías hacían la cena - toda la tarde permanecían en la cocina -, el comedor se llenaba de platos y adornos florales en cada punta de la mesa, mi abuelito acomodaba el nacimiento para contemplarlo desde su mecedora... pero él enfermó, pasamos dos años seguidos en la sala de urgencias de un hospital, ahí acomodábamos nuestras cosas para celebrar la Navidad, inclusive dormíamos en ese lugar, sobre todo porque el día veinticinco era su santo - mí Salvador -... hasta un día veintiséis en el que mi abuelito decidió irse. Hace diez años que cambiaron las cosas, ¿lo ven?  "Los tiempos cambian".

Tampoco es que esté amargada - aunque creo que la palabra correcta es "abrumada" - por mirar al pasado y notar aquello que los demás no quieren ver - y no tendrían por qué hacerlo, cada quién sabe qué vivió o cómo fue -, pues de alguna forma tengo un vacío chiquito, mi niñez fue muy cercana a esos lugares y personas, los momentos más felices del pasado están ahí, guardados entre palabras partícipes de las conversaciones que giran en torno a la nada. "Mí nada" que se compone de mil historias - además de muchas babosadas - que conforma lo que soy. Es mi todo, entre Navidades pasadas y nada.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Sunset

Me gusta ver el cielo, siempre ha sido así; ese juego de colores totalmente coordinado allá arriba y el titilante destello de las luces de la ciudad acá abajo.

El año se va y sigo adormilada esperando a que inicie todo lo que tenga que iniciar, sólo observo y no sé más nada del tiempo. Cada que volteo hacia arriba me calmo, es un espectáculo pacífico, será que es el único momento del día que todo parece estar en orden... ¿no creen?, ¿o nunca se dan ese placer de ver el atardecer?

jueves, 16 de septiembre de 2010

Mío, de nadie más

Esquivé su mirada como en otras ocasiones. Creía que si le veía directamente a los ojos él sabría de mis profundos sentimientos hacia su persona. Muchas veces lo imaginé amando mi cuerpo, deslizando la sombra lunar sobre las blancas sábanas que me arropaban. Pero, ¿qué puedo decir? Casi todas las mujeres que le conocían se rendían fácilmente a sus pies. A todas las miraba, las deseaba, menos a mí. Eran sus ojos casi negros los que me llevaban a soñarle, me ganaba el misterio de su rostro. Serio, siempre serio... ¡NO! Seductor.
Me volvía loca. Salpicaba la humedad de sus hormonas cada que pasaba frente a mí, caminaba pavoneándose, presumiendo lo que yo no tenía. Esquivé su mirada, pero me buscó. Alargó su brazo hacia mí, ¿qué pasaba? Me había visto, ¡por fin! El corazón acelerado, la empapada frente y el tartamudeo hicieron que delatara mi gusto por su cuerpo. ¡Estúpida, estúpidos y malditos nervios traicioneros!, pensé. Me lanzó una sonrisa amable, se presentó.
Esa tarde comenzó la perdición. Pasé meses encerrada en la habitación, las sábanas blancas se tornaron en piel, con su cuerpo y mi cuerpo plasmados. Ahí, la cama, era el lugar más seguro del mundo. El más bello. La piel se me palideció poco a poco, las ojeras tomaron su lugar y el peso empezó a desaparecer. Todas las tardes estaba en sus brazos, como unos jovencitos llenos de ganas y pasión. Dejé de trabajar, quería todo el día estar a su lado.
No alucinaba, era real, tan real que lastimaba cada noche el sexo. Era ardiente. Por alguna extraña razón, nunca recordaba el haber estado ahí. Pero lo sé, fue mío. MÍO. De nadie más. Sus piernas musculosas y bien formadas, sus brazos y cómodo pecho. Esos ojos, esas caricias penetrantes. Me veía, estuve con él. No es que fuera una obsesión, pero si lo dejaba ir jamás estaría conmigo nuevamente. Lo até a mi cabecera desde el primer momento que me llevó a la cama. Pronto su rostro cambió de serio a desquiciado: esquizofrénico, mi seductor.
Alivié sus miedos cada día, lo besaba, lo amaba de verdad. Hubiésemos estado juntos toda la vida de no haber sido por el olor a descomposición que emitía su cuerpo. Los vecinos pronto se alarmaron e irrumpieron en nuestro nido de amor.
¡Estúpida, estúpidos nervios traidores! Sentí la repentina necesidad de explicar nuestro amor ante las miradas horrorizadas de los espectadores.

viernes, 2 de julio de 2010

LIFE

Estas semanas he tenido muuuucho tiempo, ya estoy de vacaciones y por una razón u otra me la he pasado en casa de mi abuelita. Ahí, en la casa de mi infancia, se encuentran los libros ya abandonados que pertenecían a mis tíos. Recuerdo que de pequeña me decían "no los toques, no los bajes, no los maltrates, no los abras demasiado..." y no saben cómo ni que tanto les agradezco por esos consejos-regaños.
Me enseñaron a siempre respetar los libros, tenerles cariño y mantenerlos a salvo de las manitas destructivas de los otros niños. Dentro del gran librero de esa casa hay desde obras pertenecientes a Shakespeare hasta libros de cocina típica de lugares muy lejanos, de los que nunca-nunca querrías probar su comida.
Pero hay un libro en especial, uno grande de color rojo que siempre llamó mi atención y que nunca me dejaron ni hojear. Cada que emprendía un movimiento para llegar a él, alguien me cachaba y lo ponía más alto, ¡qué injustos eran! Mas no pudieron mantenerlo así por mucho tiempo, en unos cuantos meses me estiré para alcanzarlo. Lo abrí. Mis ojos se hacían más y más grandes con cada hoja que pasaba entre mis deditos.
LIFE es su nombre, es el compendio de lo mejor que hay de una revista norteamericana especializada en fotoperiodismo y artículos impresionantes sobre casi todos los temas. Contiene imágenes de la segunda guerra mundial, la moda de los '60, la vida diaria en los '50, etc.
Podría decirles con facilidad que es el libro más lindo que me he encontrado, a pesar de su material extraño y -en algunos casos- fuerte. Cada que lo abro me impresiono y noto más detalles que la vez anterior que estuvo en mi manos. Me encanta, de alguna forma es uno de los motivos por los que quise estudiar periodismo.
A continuación les compartiré algunas fotos de este libro, así que, ¡ahí les van!:

Foto: Moda "Top y jeans".
De: Douglas Kirkland.


Foto: Germaine Greer con su compañero mientras ve la entrevista que le realizaron por televisión.
De: Harry Benson.


Foto: La cabeza quemada de un soldado japonés en un tanque militar de E.U. durante la 2a. guerra mundial.
De: Ralph Morse.

Foto: Chica de 23 años se suicidó aventándose desde el Empire State (86 pisos), cayó encima del auto y lo destrozó.
De: Robert C. Wiles


Foto: Escopetas en Texas, una familia se defiende durante un ataque de la milicia.
De: Ralph Crane.

Foto: El vestido que no cubre.
De: Fotógrafo desconocido.

Foto: La nueva moda.
Dibujo inspirado en las obras de Aubrey Beardsley.

Foto: Costumbre familiar.
Fotógrafo desconocido.

Foto: Tolerancia.
De: Priya Ramrakha.

Foto: Conejo amaestrado que permanece en pie mientras se canta el himno nacional de E.U. en un jardín de niños.
Fotógrafo desconocido.

Foto: Doncella desdeñada.
Fotógrafo desconocido.

Foto: Un beso legendario, la felicidad después de la guerra la encarnan esta pareja formada por un marinero y una enfermera en plena calle de Nueva York.
De: Alfred Eisenstaedt.


Foto: Hitler sonríe al ver a un pequeño que probablemente sería el futuro del Nazismo.
De: Fotógrafo miembro de las tropas Nazis.


Más que impresiones, estas fotos provocan ternura, curiosidad o simpatía, tal vez algo de terror y tristeza. Sin embargo, es claro que son imágenes del tiempo que ha quedado marcado en la historia de la humanidad.
Si quieren ver más fotos pueden entrar a la página de la revista: LIFE



¡Saludos a todos!

miércoles, 23 de junio de 2010

Tengo un ratón

¿Alguna vez se ha metido un ratoncito a tu casa?

A veces tiendo a ser perfeccionista, siempre dejo ciertas cosas en un lugar específico por no se qué motivo o razón. Ustedes saben, hago una pequeña rutina al acomodar mis cosas. En las noche, cuando inicia la semana, acomodo mis vasos y lo que sea que tenga en la alacena. Limpio lo que tenga ahí, pues. Es por eso que salta a mi vista cualquier indicio de desorden- por pequeño que sea- en el mueble. Más cuando los vasos están "movidos".

Hace unas semanas encontré los vasos mal acomodados, sin embargo, no les hice caso, simplemente los puse como me gustan y ya. A los pocos días de eso, me topé con unas pequeñas marcas de harina por todo el mueble; busqué, saqué, limpié y observé que el paquete de harina tenía un agujerito en el costado. ¿Cómo era posible? ¿Lo habría comprado así? No, porque me hubiera dado cuenta antes, la harina se habría regado por todos lados. Seguí el rastro de harina que quedaba y me di cuenta que iba en dirección a los trastes. Los moví todos y no encontré nada extraño. Debo confesar que me dio 'cosa' y los lavé, ¡quién sabe qué les habría pasado!

En esa misma semana, un sábado por la mañana, noté un movimiento entre la ropa de cama que tengo guardada en el closet, por lo que quise jalarla y ver que había debajo. Bendita curiosidad que me cargo. Nada, no había nada. Me dirigí a realizar los quehaceres de casa que me correspondían ese día, cuando de pronto noté que en medio de la sala estaba paradito un ratón. Una cosita tan miniatura que hasta ternura inspiraba. Al verme, por supuesto, salió disparado abajo del sillón, el cuál quise mover para ver al animalito. Él volvió a salir disparado cuando notó el primer movimiento, ésta vez, se fue derechito al otro cuarto, donde le perdí de vista.

A lo largo de todo ese fin de semana, cada que pasaba por el cuarto donde se había escondido el ratón, me fijaba por todos lados, esperando verlo de nuevo. Era de un color gris oscuro, con colita rosada y pequeñas orejitas. Sus bigotitos casi no se notaban y sus ojitos pequeños de color negro me resultaban lindos. Pasando el tiempo, comencé a verle más seguido rondando en la cocina y cerca de la panera, siempre buscando comida sin lograr robarse nada. Me parecía tan divertido verlo correr por todos los rincones de la casa, tanto me gustaba verle que comencé a dejarle comida en algunos sitios, una tostadita por aquí, chocolate por allá y agua en una tapita por acá.

De pronto el ratón se hizo parte de mi vida, aunque se escondiera de mí cada que pasara cerca de él. Fito, mi gato, dejó de perseguirle. Sin embargo, los demás lo veían (y siguen viendo) como una plaga que deben eliminar.
De verdad sentí una afinidad por él, a tal grado que le empecé a llamar "Pepe el ratón", haciendo alusión al personaje de "Pepe el Toro", ya saben, por la famosa frase de "¡Pepe el Toro es inocente!"

Siempre he sentido cariño hacia los animales, pero nunca con uno que fuera de este tipo. Es un ratón de alcantarilla, de esos que andan rondando en el río Querétaro y se comen toda la basurita que encuentran. De los que te llegan a dar "cosa" de sólo verles. ¡Pero es que es taan chiquito! Jamás podría matarle o hacerle daño.

Desafortunadamente hay otras personas que sí lo quieren dañar, cómo el ratoncito es chino libre por la casa, deja cantidades grandes de 'caquitas' por todos lados. Se come los empaques y lo que tengan dentro, muerde las frutas (la pera y el melón son su favoritas), le hace hoyitos al pan, se come los dulces y se lleva las tortillas, ataca los libros y las playeras de algodón... ¡roedor al fin y al cabo!

No entiendo la concepción que tienen algunas personas sobre estos animalitos, llamándoles plaga. Bueno, no quiero decir que en ocasiones no lo sea, pero, ¿no somos nosotros también una plaga muchas veces? El animalito no hace daño, no encuentro razones para matarlo. Es por esto que he optado muchas veces por atraparlo en jaulitas y soltarlo en los terrenos baldíos de la colonia. De alguna forma rara, el ratoncito regresa a la casa constantemente, lo he sacado tres veces y tres veces más ha regresado, por lo que ahora espero atraparlo para llevarlo al río.

miércoles, 9 de junio de 2010

Playing Chess

Monotonía mental


“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela."
A. Einstein, “La Física de la vida”, Princeton University, 1956.

Nunca se me ha dado muy bien esto de quedarme pensando en estrategias y movimientos, el ajedrez no representaba un peldaño importante en mi vida, ni como estudiante ni mucho menos en lo personal. Sin embargo desde edad temprana se me invitaba a enseñarme el juego del ajedrez. Como a casi todos los niños traviesos e inquietos me llamaban más la atención los juegos más dinámicos y “divertidos”, pues prefería salir a la calle a correr, patear balones, tocar timbres y ganar en las escondidillas.

La primera vez que me obligaron a acercarme al ajedrez me dijeron “Te va a ayudar a la agilidad mental y en las matemáticas”. Grave error, recuerdo que pensé “¿y quién quiere ver un juego aburrido que me va a ayudar en matemáticas si eso no me gusta, tío?”, sólo vi unos dos movimientos y me salí del lugar. Tenía justo 8 años, ese día era mi cumpleaños, había tantas cosas más atractivas por ver y hacer en ese momento que admirar un juego que nadie me explicaba y no entendía en lo más mínimo.

Al llegar al quinto grado salió un juego de playstation que llevaba el simple nombre de “CHESS”, ¡cómo me acuerdo de lo popular que fue! En todos lados se encontraba el bendito juego, los compañeritos del salón de clases lo tenían y comentaban de él, mis primos lo jugaban todas las tardes en casa de mi abuelita; si yo quería jugar con ellos, tenía que aprender. Pero sinceramente no lo hice, preferí entrar al equipo de fútbol y voleyball, pues eran deportes y juegos más atractivos para mí.

Durante la secundaria permanecí quietecita en mis actividades deportivas, pues, para mi gusto eran más “normalitas” que aprender ajedrez para quedarme sentada en una silla durante un rato viendo el tablero como “boba”. ¿Cómo podía alguien aprender cosas de unos simples movimientos de piezas raras? Al contrario, pensaba yo, dentro de mis deportes había posiciones, estrategias y jugadas que me permitían desarrollar habilidades mientras hacía ejercicio. No podía haber algo más completo que eso.

Desde que tengo memoria se me inculcó que los fines de semana eran de fútbol, del box, de baseball, competencias de natación de los primos y de lucha libre, inclusive a la hora de jugar. Al verlo ahora en retrospectiva, mis juguetes eran de esta manera: que si los cochecitos que le gustaron a la niña; las cuerditas para las carreritas; el cuadrilátero de pelea y sus Mascarita Sagrada, Santo y Blue Demon; mira la pelota de fútbol de maripositas para que ya no se aburra en casa de las tías (me parece que no era una niña muy normal ja, ja).

Al comenzar la preparatoria me alejé un poco de los deportes, pues tuve revelaciones y encuentros cercanos con la poesía, escritura y lectura. Amaba, y amo, pasar la tarde plasmando en cuadernitos lo que sentía y pasaba por mi mente, escribir y dibujar. El quedarme un buen rato acompañada de un buen libro y viajar con la mente a todo aquello que se me describía. Sin embargo mis amistades no compartían ese gusto por las letras y la expresión conmigo, al contrario, entraron al taller de ajedrez. Durante 3 largos años, de 7 :00 a 10:30 de la mañana me la pasé viendo a mis amigos jugar ajedrez y jamás les pedí explicación, instrucción o ayuda para comprender el juego.

Al iniciar las clases en la universidad me vi en la forzosa necesidad de aprender ajedrez. Al principio estaba reacia a hacerlo, pues toda mi vida le había huído a este juego. Recuerdo muy bien las palabras del profesor que me motivaron a aprender mientras nos lo describía. “El ajedrez es una batalla, una guerra. Y a la guerra uno sale a ganar”.

Cuando nos fueron explicando las piezas y sus movimientos, la forma de abrir un juego, de dar jaque, coronar y de matar al otro jugador me fui enamorando del ajedrez, ¿cómo había podido permanecer en un monótono y ciego prejuicio sobre este maravilloso baile regocijador del conocimiento?

Cuanto más lo jugaba más comprendía lo equivocada y cerrada que había estado todos estos años, comencé a ver todas las estrategias que se le podían aplicar a este juego, cómo podía usar cada pieza para desarrollar mis tácticas y cómo cada una desarrollaba otra hábil forma de ganar. Poco a poco pude sacar el juego a una realidad más grande y llegué a compararlo con el Futbol Americano, a decir verdad, creo que no puede haber una representación más real del ajedrez que este deporte, en ambas se ve claramente el uso de una macroestrategia llena de planificación, control de los movimientos, autoevaluación y evaluación del oponente.

Ambos tienen piezas claves, jugadas y movimientos que permiten llegar a una meta, ya sea dar jaque mate o un touchdown, que da la satisfacción de ganar la partida. Se me hizo fácil identificar cada pieza perteneciente a ambos deportes: los peones podrían ser bien la línea defensiva o algún Centro al bloquear el paso de los jugadores; la guardia ofensiva podrían ser tanto peones como alfiles, pues se encargan de bloquear jugadas y buscar huecos para el corredor y éste bien podría ser cualquier pieza; los tacleadores ofensivos podrían ser las Torres, pues se encuentran posicionadas en los extremos de la línea y evitan jugadas de carrera y pase; los caballos son perfectos tight ends, pues ayudan a las torres a defender y atacar a la vez; el Quarterback sería el mismísimo Rey, pues el dirige la jugadas de ataque y defensa, incluso si hay necesidad éste sale y ataca. Entre otras posiciones, pues el ajedrez aunque cuenta con menos piezas que el americano, bien cada una podría realizar múltiples funciones.

Así como Vigotsky decía, mi entorno había influido demasiado en ese tipo de aprendizaje que era prejuicioso con el juego, con todas esas percepciones de lo aburrido que podía ser y que no tenía sentido, pues “era sólo un juego de mesa para matar el rato”. Como Ausubel y Bruner podrían bien mencionar, el aprendizaje se presenta en una situación ambiental que desafíe la inteligencia impulsándonos a 'echarle ganas', es decir, sin la disposición de aprender y sin contar con algún guía que te permita o de alguna manera te facilite el llegar a obtener verdaderos conocimientos, no se aprende. Es por eso que al imponerme el ajedrez y ver que no era lo que yo creía, me abrí a la posibilidad de entenderlo (disponibilidad); en conjunto de la ayuda del profesor, a quien por cierto le guardo cariño, admiración y le estoy muy agradecida, logré llegar a un aprendizaje significativo. Debo mencionar también, que como Piaget y Bruner marcaban, logré obtener un aprendizaje un tanto “bajo” del juego, debido a que no me inicié y desarrollé en él desde edad temprana (pues estoy en la etapa de las operaciones totalmente formales), sin embargo la necesidad me llevo a aprenderlo y pasar por esas 3 etapas (ilativa, icónica y simbólica).

Al hacer estas comparaciones aplico una estrategia del tercer tipo, pues logro realizar y trazar relaciones entre ambos juegos, manejando los recursos y conocimientos previos que tenía; gracias al uso de ella se me facilitó comprender, adoptar y creer en los nuevos conocimientos que se me daban, y construir mi propia representación mental del ajedrez, logrando ver que no es un juego del nada aburrido; por el contrario, es fascinante y algo adictivo. Y en efecto, como me decía mi tío cuando era pequeña, está ayudando a desarrollar mejores estrategias y habilidades metacognitivas que cualquier otro deporte que pudiera realizar. Fue una sorpresa enorme cuando terminamos el curso y quedé en el segundo lugar del torneo de ajedrez. Después de años de huir, quedé en una posición bastante respetable para una novata.

Y para terminar cito a Albert Einstein, quien marcó pautas en el aprendizaje y demostró que se puede adquirir y aplicar lo que conocemos a cualquier aspecto de nuestras vidas:

“La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación circunda el mundo creando el verdadero conocimiento transformado por medio del pensamiento o voluntad de quien la maneja…La verdadera dificultad, la que ha decepcionado a los sabios de todos los tiempos es esta: cómo hacer de la educación algo lo suficientemente poderoso en la vida para que su influencia resista la presión de las fuerzas psíquicas elementales del individuo."

Referencias y bibliografías:

Valle, A. et al. “Las estrategias de aprendizaje: características básicas y su relevancia en el contexto escolar”, Universidad de la Coruña, España.

Frases de Einstein, A., en “El Arte de la Estrategia”, información obtenida de: http://www.personal.able.es/cm.perez/einstein.htm, el día 22 de Noviembre del 2009, a las 8:23 p.m.

Maldonado Osorio, G. “Paradigmas de Aprendizaje”, tomado de: Curso de Evaluación del Aprendizaje. Universidad de la Salle, http://vulcano.edu.co/~docencia/propuestos/cuersoev_paradig.htm.

sábado, 8 de mayo de 2010

San José Galindo

Les comparto algunas fotos que tomé en la comunidad de Galindo mientras realizábamos una investigación sobre la fiesta patronal del lugar.

Localidad: San José Galindo, San Juan del Río, Querétaro.
Fecha: 14,18 y 19 de Marzo del 2010

Primer evento: Recepción de la peregrinación en la parroquia de San José Galindo.


Segundo evento: Paseo del santo patrono por las calles de la comunidad

















Tercer evento: Charreada en la plaza de toros de la comunidad




Cuarto evento: Jaripeo ranchero profesional y baile


Quinto evento: Quema del castillo y cohetes






Aquí algunas fotos del hotel que se encuentra en la comunidad, el cuál -curiosamente- es el más caro del Estado de Querétaro:













Agradecemos a la comunidad por recibirnos y permitirnos presenciar la fiesta, en especial a los delegados, así como al hotel Fiesta Americana Hacienda Galindo.

¡Saludos!