viernes, 2 de julio de 2010

LIFE

Estas semanas he tenido muuuucho tiempo, ya estoy de vacaciones y por una razón u otra me la he pasado en casa de mi abuelita. Ahí, en la casa de mi infancia, se encuentran los libros ya abandonados que pertenecían a mis tíos. Recuerdo que de pequeña me decían "no los toques, no los bajes, no los maltrates, no los abras demasiado..." y no saben cómo ni que tanto les agradezco por esos consejos-regaños.
Me enseñaron a siempre respetar los libros, tenerles cariño y mantenerlos a salvo de las manitas destructivas de los otros niños. Dentro del gran librero de esa casa hay desde obras pertenecientes a Shakespeare hasta libros de cocina típica de lugares muy lejanos, de los que nunca-nunca querrías probar su comida.
Pero hay un libro en especial, uno grande de color rojo que siempre llamó mi atención y que nunca me dejaron ni hojear. Cada que emprendía un movimiento para llegar a él, alguien me cachaba y lo ponía más alto, ¡qué injustos eran! Mas no pudieron mantenerlo así por mucho tiempo, en unos cuantos meses me estiré para alcanzarlo. Lo abrí. Mis ojos se hacían más y más grandes con cada hoja que pasaba entre mis deditos.
LIFE es su nombre, es el compendio de lo mejor que hay de una revista norteamericana especializada en fotoperiodismo y artículos impresionantes sobre casi todos los temas. Contiene imágenes de la segunda guerra mundial, la moda de los '60, la vida diaria en los '50, etc.
Podría decirles con facilidad que es el libro más lindo que me he encontrado, a pesar de su material extraño y -en algunos casos- fuerte. Cada que lo abro me impresiono y noto más detalles que la vez anterior que estuvo en mi manos. Me encanta, de alguna forma es uno de los motivos por los que quise estudiar periodismo.
A continuación les compartiré algunas fotos de este libro, así que, ¡ahí les van!:

Foto: Moda "Top y jeans".
De: Douglas Kirkland.


Foto: Germaine Greer con su compañero mientras ve la entrevista que le realizaron por televisión.
De: Harry Benson.


Foto: La cabeza quemada de un soldado japonés en un tanque militar de E.U. durante la 2a. guerra mundial.
De: Ralph Morse.

Foto: Chica de 23 años se suicidó aventándose desde el Empire State (86 pisos), cayó encima del auto y lo destrozó.
De: Robert C. Wiles


Foto: Escopetas en Texas, una familia se defiende durante un ataque de la milicia.
De: Ralph Crane.

Foto: El vestido que no cubre.
De: Fotógrafo desconocido.

Foto: La nueva moda.
Dibujo inspirado en las obras de Aubrey Beardsley.

Foto: Costumbre familiar.
Fotógrafo desconocido.

Foto: Tolerancia.
De: Priya Ramrakha.

Foto: Conejo amaestrado que permanece en pie mientras se canta el himno nacional de E.U. en un jardín de niños.
Fotógrafo desconocido.

Foto: Doncella desdeñada.
Fotógrafo desconocido.

Foto: Un beso legendario, la felicidad después de la guerra la encarnan esta pareja formada por un marinero y una enfermera en plena calle de Nueva York.
De: Alfred Eisenstaedt.


Foto: Hitler sonríe al ver a un pequeño que probablemente sería el futuro del Nazismo.
De: Fotógrafo miembro de las tropas Nazis.


Más que impresiones, estas fotos provocan ternura, curiosidad o simpatía, tal vez algo de terror y tristeza. Sin embargo, es claro que son imágenes del tiempo que ha quedado marcado en la historia de la humanidad.
Si quieren ver más fotos pueden entrar a la página de la revista: LIFE



¡Saludos a todos!

miércoles, 23 de junio de 2010

Tengo un ratón

¿Alguna vez se ha metido un ratoncito a tu casa?

A veces tiendo a ser perfeccionista, siempre dejo ciertas cosas en un lugar específico por no se qué motivo o razón. Ustedes saben, hago una pequeña rutina al acomodar mis cosas. En las noche, cuando inicia la semana, acomodo mis vasos y lo que sea que tenga en la alacena. Limpio lo que tenga ahí, pues. Es por eso que salta a mi vista cualquier indicio de desorden- por pequeño que sea- en el mueble. Más cuando los vasos están "movidos".

Hace unas semanas encontré los vasos mal acomodados, sin embargo, no les hice caso, simplemente los puse como me gustan y ya. A los pocos días de eso, me topé con unas pequeñas marcas de harina por todo el mueble; busqué, saqué, limpié y observé que el paquete de harina tenía un agujerito en el costado. ¿Cómo era posible? ¿Lo habría comprado así? No, porque me hubiera dado cuenta antes, la harina se habría regado por todos lados. Seguí el rastro de harina que quedaba y me di cuenta que iba en dirección a los trastes. Los moví todos y no encontré nada extraño. Debo confesar que me dio 'cosa' y los lavé, ¡quién sabe qué les habría pasado!

En esa misma semana, un sábado por la mañana, noté un movimiento entre la ropa de cama que tengo guardada en el closet, por lo que quise jalarla y ver que había debajo. Bendita curiosidad que me cargo. Nada, no había nada. Me dirigí a realizar los quehaceres de casa que me correspondían ese día, cuando de pronto noté que en medio de la sala estaba paradito un ratón. Una cosita tan miniatura que hasta ternura inspiraba. Al verme, por supuesto, salió disparado abajo del sillón, el cuál quise mover para ver al animalito. Él volvió a salir disparado cuando notó el primer movimiento, ésta vez, se fue derechito al otro cuarto, donde le perdí de vista.

A lo largo de todo ese fin de semana, cada que pasaba por el cuarto donde se había escondido el ratón, me fijaba por todos lados, esperando verlo de nuevo. Era de un color gris oscuro, con colita rosada y pequeñas orejitas. Sus bigotitos casi no se notaban y sus ojitos pequeños de color negro me resultaban lindos. Pasando el tiempo, comencé a verle más seguido rondando en la cocina y cerca de la panera, siempre buscando comida sin lograr robarse nada. Me parecía tan divertido verlo correr por todos los rincones de la casa, tanto me gustaba verle que comencé a dejarle comida en algunos sitios, una tostadita por aquí, chocolate por allá y agua en una tapita por acá.

De pronto el ratón se hizo parte de mi vida, aunque se escondiera de mí cada que pasara cerca de él. Fito, mi gato, dejó de perseguirle. Sin embargo, los demás lo veían (y siguen viendo) como una plaga que deben eliminar.
De verdad sentí una afinidad por él, a tal grado que le empecé a llamar "Pepe el ratón", haciendo alusión al personaje de "Pepe el Toro", ya saben, por la famosa frase de "¡Pepe el Toro es inocente!"

Siempre he sentido cariño hacia los animales, pero nunca con uno que fuera de este tipo. Es un ratón de alcantarilla, de esos que andan rondando en el río Querétaro y se comen toda la basurita que encuentran. De los que te llegan a dar "cosa" de sólo verles. ¡Pero es que es taan chiquito! Jamás podría matarle o hacerle daño.

Desafortunadamente hay otras personas que sí lo quieren dañar, cómo el ratoncito es chino libre por la casa, deja cantidades grandes de 'caquitas' por todos lados. Se come los empaques y lo que tengan dentro, muerde las frutas (la pera y el melón son su favoritas), le hace hoyitos al pan, se come los dulces y se lleva las tortillas, ataca los libros y las playeras de algodón... ¡roedor al fin y al cabo!

No entiendo la concepción que tienen algunas personas sobre estos animalitos, llamándoles plaga. Bueno, no quiero decir que en ocasiones no lo sea, pero, ¿no somos nosotros también una plaga muchas veces? El animalito no hace daño, no encuentro razones para matarlo. Es por esto que he optado muchas veces por atraparlo en jaulitas y soltarlo en los terrenos baldíos de la colonia. De alguna forma rara, el ratoncito regresa a la casa constantemente, lo he sacado tres veces y tres veces más ha regresado, por lo que ahora espero atraparlo para llevarlo al río.

miércoles, 9 de junio de 2010

Playing Chess

Monotonía mental


“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela."
A. Einstein, “La Física de la vida”, Princeton University, 1956.

Nunca se me ha dado muy bien esto de quedarme pensando en estrategias y movimientos, el ajedrez no representaba un peldaño importante en mi vida, ni como estudiante ni mucho menos en lo personal. Sin embargo desde edad temprana se me invitaba a enseñarme el juego del ajedrez. Como a casi todos los niños traviesos e inquietos me llamaban más la atención los juegos más dinámicos y “divertidos”, pues prefería salir a la calle a correr, patear balones, tocar timbres y ganar en las escondidillas.

La primera vez que me obligaron a acercarme al ajedrez me dijeron “Te va a ayudar a la agilidad mental y en las matemáticas”. Grave error, recuerdo que pensé “¿y quién quiere ver un juego aburrido que me va a ayudar en matemáticas si eso no me gusta, tío?”, sólo vi unos dos movimientos y me salí del lugar. Tenía justo 8 años, ese día era mi cumpleaños, había tantas cosas más atractivas por ver y hacer en ese momento que admirar un juego que nadie me explicaba y no entendía en lo más mínimo.

Al llegar al quinto grado salió un juego de playstation que llevaba el simple nombre de “CHESS”, ¡cómo me acuerdo de lo popular que fue! En todos lados se encontraba el bendito juego, los compañeritos del salón de clases lo tenían y comentaban de él, mis primos lo jugaban todas las tardes en casa de mi abuelita; si yo quería jugar con ellos, tenía que aprender. Pero sinceramente no lo hice, preferí entrar al equipo de fútbol y voleyball, pues eran deportes y juegos más atractivos para mí.

Durante la secundaria permanecí quietecita en mis actividades deportivas, pues, para mi gusto eran más “normalitas” que aprender ajedrez para quedarme sentada en una silla durante un rato viendo el tablero como “boba”. ¿Cómo podía alguien aprender cosas de unos simples movimientos de piezas raras? Al contrario, pensaba yo, dentro de mis deportes había posiciones, estrategias y jugadas que me permitían desarrollar habilidades mientras hacía ejercicio. No podía haber algo más completo que eso.

Desde que tengo memoria se me inculcó que los fines de semana eran de fútbol, del box, de baseball, competencias de natación de los primos y de lucha libre, inclusive a la hora de jugar. Al verlo ahora en retrospectiva, mis juguetes eran de esta manera: que si los cochecitos que le gustaron a la niña; las cuerditas para las carreritas; el cuadrilátero de pelea y sus Mascarita Sagrada, Santo y Blue Demon; mira la pelota de fútbol de maripositas para que ya no se aburra en casa de las tías (me parece que no era una niña muy normal ja, ja).

Al comenzar la preparatoria me alejé un poco de los deportes, pues tuve revelaciones y encuentros cercanos con la poesía, escritura y lectura. Amaba, y amo, pasar la tarde plasmando en cuadernitos lo que sentía y pasaba por mi mente, escribir y dibujar. El quedarme un buen rato acompañada de un buen libro y viajar con la mente a todo aquello que se me describía. Sin embargo mis amistades no compartían ese gusto por las letras y la expresión conmigo, al contrario, entraron al taller de ajedrez. Durante 3 largos años, de 7 :00 a 10:30 de la mañana me la pasé viendo a mis amigos jugar ajedrez y jamás les pedí explicación, instrucción o ayuda para comprender el juego.

Al iniciar las clases en la universidad me vi en la forzosa necesidad de aprender ajedrez. Al principio estaba reacia a hacerlo, pues toda mi vida le había huído a este juego. Recuerdo muy bien las palabras del profesor que me motivaron a aprender mientras nos lo describía. “El ajedrez es una batalla, una guerra. Y a la guerra uno sale a ganar”.

Cuando nos fueron explicando las piezas y sus movimientos, la forma de abrir un juego, de dar jaque, coronar y de matar al otro jugador me fui enamorando del ajedrez, ¿cómo había podido permanecer en un monótono y ciego prejuicio sobre este maravilloso baile regocijador del conocimiento?

Cuanto más lo jugaba más comprendía lo equivocada y cerrada que había estado todos estos años, comencé a ver todas las estrategias que se le podían aplicar a este juego, cómo podía usar cada pieza para desarrollar mis tácticas y cómo cada una desarrollaba otra hábil forma de ganar. Poco a poco pude sacar el juego a una realidad más grande y llegué a compararlo con el Futbol Americano, a decir verdad, creo que no puede haber una representación más real del ajedrez que este deporte, en ambas se ve claramente el uso de una macroestrategia llena de planificación, control de los movimientos, autoevaluación y evaluación del oponente.

Ambos tienen piezas claves, jugadas y movimientos que permiten llegar a una meta, ya sea dar jaque mate o un touchdown, que da la satisfacción de ganar la partida. Se me hizo fácil identificar cada pieza perteneciente a ambos deportes: los peones podrían ser bien la línea defensiva o algún Centro al bloquear el paso de los jugadores; la guardia ofensiva podrían ser tanto peones como alfiles, pues se encargan de bloquear jugadas y buscar huecos para el corredor y éste bien podría ser cualquier pieza; los tacleadores ofensivos podrían ser las Torres, pues se encuentran posicionadas en los extremos de la línea y evitan jugadas de carrera y pase; los caballos son perfectos tight ends, pues ayudan a las torres a defender y atacar a la vez; el Quarterback sería el mismísimo Rey, pues el dirige la jugadas de ataque y defensa, incluso si hay necesidad éste sale y ataca. Entre otras posiciones, pues el ajedrez aunque cuenta con menos piezas que el americano, bien cada una podría realizar múltiples funciones.

Así como Vigotsky decía, mi entorno había influido demasiado en ese tipo de aprendizaje que era prejuicioso con el juego, con todas esas percepciones de lo aburrido que podía ser y que no tenía sentido, pues “era sólo un juego de mesa para matar el rato”. Como Ausubel y Bruner podrían bien mencionar, el aprendizaje se presenta en una situación ambiental que desafíe la inteligencia impulsándonos a 'echarle ganas', es decir, sin la disposición de aprender y sin contar con algún guía que te permita o de alguna manera te facilite el llegar a obtener verdaderos conocimientos, no se aprende. Es por eso que al imponerme el ajedrez y ver que no era lo que yo creía, me abrí a la posibilidad de entenderlo (disponibilidad); en conjunto de la ayuda del profesor, a quien por cierto le guardo cariño, admiración y le estoy muy agradecida, logré llegar a un aprendizaje significativo. Debo mencionar también, que como Piaget y Bruner marcaban, logré obtener un aprendizaje un tanto “bajo” del juego, debido a que no me inicié y desarrollé en él desde edad temprana (pues estoy en la etapa de las operaciones totalmente formales), sin embargo la necesidad me llevo a aprenderlo y pasar por esas 3 etapas (ilativa, icónica y simbólica).

Al hacer estas comparaciones aplico una estrategia del tercer tipo, pues logro realizar y trazar relaciones entre ambos juegos, manejando los recursos y conocimientos previos que tenía; gracias al uso de ella se me facilitó comprender, adoptar y creer en los nuevos conocimientos que se me daban, y construir mi propia representación mental del ajedrez, logrando ver que no es un juego del nada aburrido; por el contrario, es fascinante y algo adictivo. Y en efecto, como me decía mi tío cuando era pequeña, está ayudando a desarrollar mejores estrategias y habilidades metacognitivas que cualquier otro deporte que pudiera realizar. Fue una sorpresa enorme cuando terminamos el curso y quedé en el segundo lugar del torneo de ajedrez. Después de años de huir, quedé en una posición bastante respetable para una novata.

Y para terminar cito a Albert Einstein, quien marcó pautas en el aprendizaje y demostró que se puede adquirir y aplicar lo que conocemos a cualquier aspecto de nuestras vidas:

“La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación circunda el mundo creando el verdadero conocimiento transformado por medio del pensamiento o voluntad de quien la maneja…La verdadera dificultad, la que ha decepcionado a los sabios de todos los tiempos es esta: cómo hacer de la educación algo lo suficientemente poderoso en la vida para que su influencia resista la presión de las fuerzas psíquicas elementales del individuo."

Referencias y bibliografías:

Valle, A. et al. “Las estrategias de aprendizaje: características básicas y su relevancia en el contexto escolar”, Universidad de la Coruña, España.

Frases de Einstein, A., en “El Arte de la Estrategia”, información obtenida de: http://www.personal.able.es/cm.perez/einstein.htm, el día 22 de Noviembre del 2009, a las 8:23 p.m.

Maldonado Osorio, G. “Paradigmas de Aprendizaje”, tomado de: Curso de Evaluación del Aprendizaje. Universidad de la Salle, http://vulcano.edu.co/~docencia/propuestos/cuersoev_paradig.htm.

sábado, 8 de mayo de 2010

San José Galindo

Les comparto algunas fotos que tomé en la comunidad de Galindo mientras realizábamos una investigación sobre la fiesta patronal del lugar.

Localidad: San José Galindo, San Juan del Río, Querétaro.
Fecha: 14,18 y 19 de Marzo del 2010

Primer evento: Recepción de la peregrinación en la parroquia de San José Galindo.


Segundo evento: Paseo del santo patrono por las calles de la comunidad

















Tercer evento: Charreada en la plaza de toros de la comunidad




Cuarto evento: Jaripeo ranchero profesional y baile


Quinto evento: Quema del castillo y cohetes






Aquí algunas fotos del hotel que se encuentra en la comunidad, el cuál -curiosamente- es el más caro del Estado de Querétaro:













Agradecemos a la comunidad por recibirnos y permitirnos presenciar la fiesta, en especial a los delegados, así como al hotel Fiesta Americana Hacienda Galindo.

¡Saludos!

lunes, 8 de marzo de 2010

Anuario propio: a mis amigos freaks

¿Alguna vez has sentido que te falta un pedacito de tu vida? Bueno, sea cual sea tu respuesta, a mi entendimiento, siempre es un sí.

Hace algunos días estuve recordando anécdotas curiosas de mi etapa como estudiante de secundaria y preparatoria. Aquellos días no tan lejanos que me marcaron y me enseñaron divertidas y crudas cosas.
Hace ya 7 años, conocí a las amistades más certeras y grandes que alguien puede tener. Están en mi memoria como si hubiese sido ayer. Tan fresco, que es hasta gracioso verlo así.
Era un Lunes de Agosto, un primer día de clases como muchos otros. Estaba sin hablarle a nadie, a pesar de conocer a algunos de los estudiantes. Emocionada por ver a tante gente dentro del salón. Mi primera charla fue con una pequeña y dulce jovencita, que al igual que yo, estaba sola en esa inmensa escuela de monjas. Casi de inmediato nos hicimos amigas. Fabiola.

No puedo describir lo extraña que me sentía al ser nueva en una escuela tan grande. Veía a todos lados sin saber a donde ir, y pensar que después de un tiempo la escuela me parecía tan pequeña y sofocante.


Tengo muy presente casi todo lo que viví en la secundaria, desde los primeros meses hasta los últimos días que estuve ahí. Los viajes, juegos, chistes, castigos, tareas, profesores y más que nada a mis amigos. Sí, mis amigos de verdad y los que creí que eran de verdad.

Podría contarles las mil aventuras que pasamos juntos, sin embargo, sería quemar los cartuchos cargados de memorias que incluyen a personas que no merecen ser mencionadas, aunque me limitaré a compartirles a los únicos seres importantes que deben ser llamados amigos.


Llevaba taller de dibujo, ahí conocí a otra chica que me marcó para siempre. Tania. Simple y carismática, de aquellas personas que siempre te apoyan o jalan las orejas si lo necesitas. Una de mis más grandes amistades. Una verdadera mujer luchona, de las que no se dejan vencer por nada ni nadie. Con ella pasé 3 años de mi vida, sonriendo y llorando.
Dentro del mismo taller conocí a dos jóvenes excepcionales, cada uno a su manera. Rodrigo y Erick. El primero, un pequeño sabio, apasionado por la buena música; el segundo, un divertido y ocurrente niño, apasionado por casi todo. Ambos entusiastas y amables.
Recuerdo la exposición final de cursos, todas nuestras semi-maravillosas-auténticas-intentos de obras arte se encontraban juntas. Dibujos asimétricos en escala de grises: rostros, frutas, plantas, animales. Era un reunión en la Casa del Faldón, "que bonito está todo" pensé, eran algo tan ingenuo. Casi todos los presentes ahí eran familiares y maestros, como era de esperarse (porque siempre pasa), nosotros, pequeños ilustres, nos salimos de la exposición a jugar con una lata de refresco al futbol. Sí, nuestros impecables uniformes terminaron que se rebanaban de mugre y en la clausura del evento tuvimos que ponernos hasta atrás de la fila. No salimos en la bendita foto del recuerdo.

Gracias a ellos conocí a otra jovencita, a la que bien podría catalogar como una de mis mejores amigas, Liliana. Responsable y alegre. Una chica crítica de las personas cerradas, amante del reggae, inteligentísima y distraída a la vez. Anormal por sobre todas las cosas, al igual que cualquiera que se llevara bien con ella (YUPI! para mis amigos y yo: somos anormales). Con esta inigualable chica comencé mi amistad gracias a un balonazo (sí, desde entonces me daban balonazos), jugábamos voleyball cuando de pronto el esférico golpeó mi rostro (gracias Lilianita!),

-¡Lo siento! ¿Estás bien? Juro que no fue a propósito-
me dijo.
-No te preocupes, ni me dolió...- contesté mientras escondía en mi pecho un fuerte "sniiff".

Tantos bellos recuerdos, tan bellos como otra chica especial en mi vida. Anyuli. An-yu-li ¿Extraño nombre no lo creen? Imaginativa, colorida, simpática, con neuronas desconectadas de vez en vez. Un dulcecito empalagoso que cualquiera quisiera tener. Por ella conocí a Florentina. Cariñosa y tierna. Sensible y vanidosa, amante empedernida y seria/cruda consejera. Traviesa amante de la moda.
Junto a ellas descubrí lo resistente, amplio y divertido que puede llegar a ser un condón; aprendí a usar mis atributos de mujercita para atraer a los chicos mayores; disfruté de las más estúpidas, excéntricas y novedosas "venganzas". Nunca saldrá de mi memoria nuestra etapa de odio a los hombres-podríamos ser lesbianas que aguantamos todas. Gracias a ellas soy una buena decoradora de interiores. Nosotras, siempre tan inocentes.

-Anyuli...¿se conectan tus neuronas?- pregunté burlonamente después de un examen.
-Eeeh.. ¿eh?-
contestó la pequeña Anyuli.
-Jajaja ¡no se le conectan!- hizo burla Liliana.
-Aaassh, claro que sí.- replicó Anyuli.
-Bueno, quedará en duda-
le aclaré a Liliana.
-A ver Majo, ¿tus hormonas se conectan?- preguntó incrédula Anyuli.
-Anyu, eran neuronas...- informamos Liliana y yo.
-Por eso decía que si tus neuronas se conectaban- corrigió Anyuli.
-Wey, no mames, si estás bien wey.- dijo Florentina.

Aprendimos juntos. Recuerdo un viaje en especial, uno importante y nada más. Un retiro por parte del colegio, en el cuál crecimos como personas. No precisamente por ser un retiro, sino, por lo que vivimos en él. Ninguna discusión, por fuerte que sea, ha logrado separar ésta extraña relación.

Al pasar a la preparatoria algunos de ellos me acompañaron, quedamos separados, en salones distintos. Conocimos personitas nuevas. Por mi parte puedo hablarles de Mauricio, Liliana C. y Emmanuel. Estos tres chicos, completamente distintos entre sí. Liliana C. es una niña dulce y simpática, con la que siempre me divertí haciendo cosas bobas, platicando de cualquier tema; al igual que mi Taquito, Mauricio, hacíamos boberías y hablábamos con confianza, casi siempre riendo de simplezas; Emmanuel, un chico divertido y accesible, siempre rodeado por sus amigos, algo fresa, pero agradable, otro seguidor de los Gallos. Los miembros del salón 1.1, dentro de los cuáles, por cierto, estaba Fabiola, mi amiga desde primero de secundaria y con quien pasé, sentándome a su lado y platicando, todo ese semestre.

El primer día de clases de la preparatoria fue distinto. Esta vez no estaba sola, había mucha gente conocida y allegada. Liliana, Anyuli, Flor y Erick estaban regados en los demás salones. Ese primer día recibimos a Sarahet. Sarita; siempre tierna, responsable, amigable, divertida, extremadamente distraída y amable. Simplemente la mejor candidata a llevarse con nosotros. Tan parecida a nuestro grupo, que los parámetros de normalidad tampoco cubrían su perfil.
Pasaron los semestres y estuvimos juntas. Siempre.

-Sarita... ¿ya viste que hay una calle que te describe?- inquirí.
-No, ¿cuál?- contestó Sara de forma inocente.
-Aaah, pues "Zara-goza"- le dije en tono burlón.
-¡Ay, que fea eres!- replicó Sara enseñándome la lengua.
-Pues, no es mi culpa. Mira, están: Zaragoza con Ignacio Pérez, Zaragoza esquina con Ezequiel Montes, Zaragoza con Tecnólogico, Zaragoza con Ejército Republicano, Zaragoza con Industrialización, Zaragoza con Los Arcos, Zaragoza con la Federal 57, Zaragoza con Ocampo, Zaragoza con Juárez, Zaragoza con Allende, Zaragoza con Guerrero...- cité las calles.
-Jajajajaja- rió Sara de las ocurrencias mencionadas.

Y cómo dejar de lado a mi "amanta", Ximena. Increíblemente dulce, centrada, inteligente, responsable y amable. Siempre con una sonrisa en su rostro. La mejor consejera que puedieras encontrar. Dispuesta a todo con sus amigos, graciosa e inigualable.

-Amanta, ¿por qué eres emo?- decía Xime.
-No soy emo... ¿por qué me dices emo?- preguntaba yo.
-No'más, es que yo digo que eres emo.- me contestaba con tono dulce.
-Pero yo no soy emo, tú eres emo.- le reprochaba.
-Bueno, pero así de emo te quiero amanta- me aclaraba.
-¡Ok!- quedaba conforme por un sengundo-...pero no soy emo.

Mauricio, al estar con nosotros un semestre, introdujo dentro del grupo a dos jóvenes más: Sieber y Alfredo. Ambos divertidos, con alma de niños juguetones y alegres. Cierto grado de irresponsabilidad e inocencia en sus rostros. Sólo en los rostros. Nunca olvidaré nuestra expresión cuando nos dijeron el nombre de Stefan Sieber:

-¿Realmente te llamas Ciber? ¿Cómo ciber café?- preguntábamos incrédulas.
-Sí, me llamo Sieber, pero no como ciber café...- contestó.

Dentro de una clase de inglés estaban 4 pequeños aburridos e inocentes estudiantes:
-A ver chicas, supongamos que estan en un camión y éste de pronto queda atrapado en una erupción volcánica y tienen alrededor de 10 minutos de vida, ésta se última oportunidad para satisfacer sus necesidades y tienen 3 candidatos. Opción 1, el balón Wilson con gonorrea; opción 2, changoleón; opción 3, Pamela Anderson con chancro blanco. ¿Cuál eligen?-
planteó Mauricio.
-No cuenta el suicidio, ¿verdad?-preguntó Anyuli.
-Pues, con el balón Wilson... al fin ya me voy a morir-dijo Liliana.
-Jajaja, ¿se puede con el poste del autobús?- quise saber.
-Jajajajajaja...-se reía Mau.


Ellos se convirtieron en nuestros acompañantes de... prácticamente todo. Erick, por otro lado, nos presentó a César, Pepe y Santiago. Los dos primeros, se volvieron parte importante de nuestra preparatoria. Todos ellos, eran nuestros niños. Los quisimos (aún) tanto que llegamos a pelear por ellos:

-Sara ¿acaso estás abrazando a mí Pepe?- decía con seriedad Anyuli.
-¿Tú Pepe? Dirás mí Pepe...- contestaba Sarahet.
-Están locas, es mío.- refutaba Liliana.
-Jajaja, ya Pepe, diles que me quieres a mí.- mencionaba yo en voz baja.
-Sshh, es secreto.- se dirigía Pepe a todas.

Poco, muy poco, después conocimos a Juan Pedro. Un muchacho deportista, sabio por completo. Inteligentísimo. Presumido, amable con quien quería. De la misma manera en que Sarahet se adoptó (pues es la forma en como lo considero), fue como él lo hizo. Las pláticas más "constructivas" de esa etapa las pasamos con él. Desde las bobaliconas ideas hasta "perdímidignidad".

Tampoco podría olvidar a Pamela, Estefanía y Kathia, a las tres las conocí (a fondo) en quinto semestre. Hicimos y deshicimos cientos de travesuras. Ocurrentes, mensitas y sumamente divertidas. Todas las clases eran una fiesta, reír a carcajadas hasta que te sacaran del salón, burlarse de uno que otro maestro e inventar cositas nuevas. Junto a ellas contruí la torre Einfiel, una campaña presidencial con un pequeño Domo, descubrí lo rico que es el sushi, le dimos palabras de aliento a los Gallos Blancos.

Saliendo del cine en una concurrida plaza, notamos que la gente comenzaba a juntarse y formarse en el camino a la salida.
-¿Qué habrá?-
nos preguntamos.
-No sé, vamos a checar- resolvió Pamela.
-¡Aaah, están firmando balones y playeras los Gallos!- nos dijo Fany.
-No mames, yo quiero verlos.- contesté.
Nos paramos enfrente de la fila, nos colamos y logramos llegar al frente de la zona "acordonada" y veíamos a los jugadores de forma inocente.
-Ya sé, pásenme sus agendas-
dijo Pamela-¡Hey, Romo! ¿nos firmas?
-Sí, claro, pásenme las libretas-
nos contestó el papasito, digo, astro del futbol.
-Agárrenme niñas- nos decía mientras se abalanzaba en la fila
Ese día obtuvimos las firmas de los jugadores, salimos haciendo la gran hazaña en la televisión (pues estaban grabando el evento), nos pegamos, nos tortearon, nos fotografiaron e hicimos mil pendejadas más.

A pesar de que estoy orgullosa de todos mis amigos, de haberlos conocido, pienso que somos unos malditos extraños, anormales. Los más raros que puedas encontrar. Abiertos, simples y criticones. Críticos, perdón.
Personas con las que no deberías juntarte si no quieres ver la realidad. No aptos para los que piensan que la amistad es sólo divertirse y escuchar los comentarios que quisieran oír. Somos únicos y especiales. Groseros y con los pies en la tierra.
Somos los raritos que hace el cielo y el infierno junta. O cómo sea que lo quieras ver.
Me resta decir, que la verdadera amistad es ésto. Lo que tenemos. Algo rarísimo que me ata a ellos y que se lleva pedacitos de mi vida. Misma que sin ellos desaparecería. Son los dueños de miles de sonrisas y otros sentimientos. Son los dueños de millones de cachitos en segundos que he pasado con ellos.



.♥. chicle

P.D.1: Mis queridos amigos... LOS AMO! Son parte fundamental de mí.
P.D.2: Aunque no mencioné a varios también los amo! jaja: Tania, Liliana, Sara, Anyu, Ximena, Erick, César, Pepe, Mau, Stefan, Alfredo, Rodrigo, Emmanuel, Liliana C., Pame, Fany, Kathia, Goyeneche, Bortolini, América, Naye, Javier, Fabiola, Karla, Mónica, Jaime, etc!!